• Jueves , 5 mayo 2016
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Diego Ancalao: “La unidad de la Nación Mapuche es el único camino a la libertad”

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Por: Diego Ancalao, Vicepresidente Nacional de la Izquierda Ciudadana.

 

Los valientes hombres muertos, que lucharon aquí, han permitido que todos ustedes estén hoy aquí y sin olvidar lo que ellos hicieron, somos nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa. Somos los que debemos hacer la gran tarea pendiente”, Abraham Lincoln.

 

“La única forma de honrar la causa de nuestros antepasados y su memoria es que, firmemente, acordemos que haremos realidad el sueño de libertad de nuestra nación. Que acordemos hoy, pagar nuestra deuda con los que murieron para que estemos aquí. Escucho los espíritus de nuestros antepasados, ellos vienen cientos de años antes dando esta lucha. Todavía nos hablan, hoy. Nos dicen a todos nosotros: sean ricos o pobres, cristianos o ateos, de la derecha o de la izquierda, que debemos dar la lucha, que debemos lograr la libertad.

 No es justo que el Mapuche después de haber ganado su libertad en 1641, en el Tratado de Quilín, hoy no pueda decidir su destino como pueblo-nación. Nuestros antepasados nos dicen: ¡No más! Nosotros venimos a terminar con esta política de la segregación. No queremos que decidan por nosotros personas que prefieren vernos sufrir. Eso significa que nos cansamos de esperar. Nos revelamos, porque nos niegan lo que nos corresponde por derecho natural.

 Llegó el día en que debemos demostrar que nuestra fuerza y fe es más grande que nuestro adversario más grande. Nadie nos detendrá.  Hasta que alcancemos ese sueño de libertad por el cual dieron la vida nuestros antepasados, sueño que hoy nos han heredado a cada uno de nosotros. Y ésta es una fuerza tan grande que iluminará toda la obscura noche de sufrimiento de nuestro pueblo. No pararemos hasta no pagar la deuda histórica que tenemos con aquellos que dieron la vida por nosotros.

 Estamos en un momento de la historia donde morimos por separado o sobrevivimos unidos como nación y esta unión debe ubicar el deber político del pueblo Mapuche por sobre los intereses personales. Comprendiendo que ser Mapuche no es un privilegio nuestro, es un bien para nuestro pueblo, es una responsabilidad histórica y moral. Debemos estar dispuestos a construir la Nación Mapuche que nos corresponde. Debemos ser capaces de heredar a nuestros hijos un pueblo mejor que el que tenemos hoy.

 Sabemos que no será fácil, pero hay que hacerlo, la historia de la humanidad está llena de dificultades y traiciones, el pueblo Mapuche no es la excepción, basta con recordar la traición de Andresillo al gran Caupolicán y la traición de un picunche al primer libertador de América, Leftraro. Ha ocurrido en otras naciones como, en Roma, donde a Julio César lo traicionó su sobrino, Brutus. Sería muy larga la lista de traiciones si las enumeramos.

Pero, jamás, el miedo puede alejarnos del deber. Juntos debemos tomar la bandera de la hermandad, o nunca podremos levantar la bandera de la libertad. El pueblo Mapuche que viene no se merece nuestro fracaso, ni nuestra cobardía. Hay que hacerlo a pesar de las dificultades, de los enemigos externo o internos.

Hay que perdonar a nuestros propios hermanos que, a veces, nos critican más que  los propios huincas. El deber superior de nuestro pueblo está por sobre las diferencias personales.

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En Egipto, los faraones tenían un método infalible para mantener al pueblo de Israel esclavo por más de 400 años, ese método consistía en hacerlos pelear entre ellos, cooptar a sus líderes, atemorizar al pueblo y, así, mantenerlos divididos, pero llegó el día en que buscaron lo que los asemejaba y no lo que los diferenciaba y se unieron en una sola voz y alcanzaron la libertad, nada fue fácil, pero su fe fue más grande que su enemigo más grande.

Con el  mismo objetivo del faraón, es que un grupo se ha encargado de decir: los Mapuche están divididos, nunca se ponen de acuerdo, no participan todos. Eso, lo dice menos del 1% del país, los que tienen el país polarizado y a la ciudadanía segregada.

Lo dice una minoría, que si se sumaran los militantes de todos los partidos existentes, no suman más del 5% de la población chilena, nosotros somos 1.7 millones de indígenas en Chile, el 10%. Lo dicen, los que tiene el 6% de confianza ciudadana, que refleja su pésima democracia interna. Nunca un Mapuche se arrodillará ante una minoría política que no nos conoce y que, indudablemente, no nos representa.

Ese pequeño grupo de políticos, dice que estamos muy divididos y que no participamos todos los Mapuche, eso nos dicen los que tienen la sociedad chilena totalmente fraccionada, entre un 42% que vota dividida entre la derecha y la Nueva Mayoría y una gran mayoría reflejada en el 58% que no vota y que no cree en ninguna ideología política y menos en los políticos.

Llegó la hora de dejar de escuchar a los que nos quieren mantener divididos, llegó el momento de tener la audacia de unirnos para hacer realidad nuestro sueño de nación, donde nadie nunca más tenga menos de tres comidas al día, donde de una vez por todas tengamos una educación digna de acuerdo a nuestra cultura, para fortalecer la mente de nuestros niños y, de una vez, recuperar nuestro territorio que nos reconoció el Estado en el Tratado de Trapihue de 1825, es la única forma de recuperar nuestra dignidad, igualdad y libertad, no sólo es un deseo, sino que es un deber histórico y moral, para todo nuestro wallmapu.

Resulta imposible llegar a una relación armoniosa entre el Estado y la nación Mapuche en la medida que se le niegan sus derechos a un pueblo. No habrá una verdadera paz, mientras no se le reconozcan los derechos territoriales, civiles y políticos a nuestro pueblo, buscamos la paz y, por eso, reclamamos reconocimientos de nuestros derechos más allá de las declaraciones de buena voluntad, esa paz es posible.

Me niego a aceptar las palabras de esos dueños de esclavos y de Mapuche domesticados, que dicen que somos incapaces de influir en el curso de los acontecimientos de la historia. Les digo que siempre la historia la han hecho aquellos que con una fe inquebrantable han de hacer de la justicia una realidad. Hoy, nosotros tenemos esa fe que nos ha puesto en marcha.

Si otros pueblos en el curso de la historia hubiesen aceptado la desesperanza antes que la fe, no existirían hombres como Moisés que liberó al pueblo de Israel de Egipto, no habría existido un hombre que liberara los esclavos de USA, Abraham Lincoln y jamás un joven habría liberado a su pueblo del yugo del imperio español en 1602, me refiero a Pelantaro de Purén Indómito.

Me niego a aceptar la desesperanza como la respuesta final a la ambigüedad de la historia, me  niego a perder la fe en nuestro pueblo y en nuestros hermanos, porque con esta misma fe seremos capaces de luchar juntos hasta lograr el supremo objetivo para el que nacimos. Con nuestra voluntad inquebrantable lograremos romper la opresión hacia nuestro pueblo, seremos capaces de lograr nuestra autonomía.

“…muchas cosechas quedaron en el campo sin que hubiera nadie para recogerlas, y muchos murieron de hambre y de enfermedades nuevas que los winkas traían en grandes botijas, y muchísimos mapuche fueron llevados a morir en los lavaderos de oro, y Lautaro había caído, y a Galvarino le cortaron las manos, pero de la memoria de los mapuche no se había borrado el recuerdo de los valientes, y así fue, y otra vez hoy la tierra se levanta”,  discurso de Pelantaro en el trinfo de Curalaba. Y así es hoy, la tierra nuevamente se levanta.

Ningún hombre, ninguna montaña, nada detendrá este pueblo indomable hasta alcanzar ese sueño de libertad. Ese sueño se alcanzará, porque nuestros antepasados han vuelto y están aquí en nosotros.

 Inche tañy rüpu meu, Amuley weichan pu peñi pu lamngen. Weuweiñ, marrichiweu.

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